¿Qué podemos hacer para anticipar futuras pandemias y reducir la tasa de mortalidad? Necesitamos disminuir la frecuencia y la gravedad de los problemas de salud que nos exponen a las pandemias y atajar el problema de enfermedades complejas y multifactoriales, como las enfermedades crónicas. En este artículo, apuntamos cuatro medidas que deben adoptar gobiernos e instituciones públicas de manera urgente.

La semana pasada, en este blog abordamos la relación que existe entre los químicos, en particular los disruptores endocrinos, y enfermedades crónicas (que a su vez son un factor de riesgo en relación al coronavirus). Diabetes, obesidad, enfermedades cardíacas, presión arterial alta, o inmunidad reducida aumentan el impacto y la letalidad de la COVID-19 en las personas. Además, desde hace años existe evidencia demostrada sobre cómo sustancias químicas que alteran la acción hormonal (conocidos como disruptores endocrinos), son un factor significativo en estas enfermedades.

Las enfermedades crónicas se desarrollan a lo largo de la vida, por lo que no se podrán cambiar en el curso de la pandemia actual. Por ello, las recomendaciones a personas con estas enfermedades son preventivas: cuídese tomando sus medicamentos y siga las recomendaciones de distanciamiento físico recomendadas por las instituciones sanitarias.

Sin embargo, como ya advertimos, hay una certeza sobre esta situación: esta no será la última pandemia. Existen razones contrastadas para argumentar dicha afirmación, como el aumento de la población humana, el mundo globalizado e interconectado, o algunas prácticas ligadas a nuestro sistema productivo (como la pérdida de la biodiversidad, el confinamiento industrial de ganado o el comercio de animales salvajes).

La pregunta entonces es obligada: ¿Qué podemos hacer para anticipar la próxima pandemia y reducir la tasa de mortalidad? Necesitamos disminuir la frecuencia y la gravedad de los problemas de salud que nos exponen a las pandemias, atajar el problema de enfermedades complejas y multifactoriales que han aumentado con sus propias epidemias durante el último medio siglo.

 

En esta ocasión, apuntamos cuatro medidas que deben hacer gobiernos y administraciones públicas:

1. Las autoridades europeas y españolas deben prohibir de inmediato el uso de sustancias que alteran el sistema hormonal en productos de consumo. Para ello deben agilizar la aplicación de la normativa que ya regula estas sustancias (como los Reglamentos de Biocidas, de Pesticidas o REACH) y además garantizar que el todo el marco normativo proteja adecuadamente la salud y el medio ambiente frente a estas sustancias.

2. Necesitamos que la próxima generación de materiales utilizados en productos de consumo sea más segura de lo que tenemos hoy en día, porque muchos de esos productos contienen y emiten sustancias químicas que alteran el sistema endocrino.

3. Todas las administraciones e instituciones públicas deben atender a los informes científicos y escuchar a la sociedad civil para eliminar los contaminantes tóxicos y pesticidas de los alimentos y la agricultura. También deben impedir que una vez prohibidos, se realice su uso por la puerta de atrás. Para ello, no se debe permitir su uso excepcional, salvo casos de extrema necesidad para atender peligros imprevisibles.

Además, las estrategias que se desarrollarán en Europa bajo el marco del Pacto Verde, -como la estrategia para una química sostenible, el Plan de Acción para una Economía Circular, la Estrategia sobre Biodiversidad o la estrategia De la granja al tenedor deben incorporar medidas para reducir la exposición a estos tóxicos.

4. España debe posicionarse como país líder de la UE en la protección del medio ambiente y la salud humana. Mediante políticas y normativas debe reducir la exposición a sustancias químicas. Por ejemplo, debe impedir las autorizaciones excepcionales de pesticidas prohibidos e implementar un programa de reducción del uso de pesticidas coherente con la ICE Salvemos a las abejas y la agricultura, campañas de información o prohibir el uso de EDC. En definitiva, debe actuar de forma proactiva y no como hasta ahora, a remolque de las iniciativas de otros países europeos.

 

[Nota: Parte del contenido de esta entrada está extraído del artículo del virólogo Pete Myers, Confronting the chemicals that are worsening COVID-19, publicado en Environmental Helth News]