Según un reciente estudio canadiense, existe evidencia de la exposición prenatal a los ftalatos como una de las causas del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Asimismo, el estudio sugiere que el ácido fólico puede mitigar o proteger contra alguna de las consecuencias adversas de la exposición a tóxicos.

 

Autismo y plastificantes

Los niños varones que, en el útero, fueron expuestos a ftalatos son más propensos a tener rasgos de autismos a los tres y cuatro años. Esta es la conclusión de un nuevo estudio realizado con 610 niños y niñas canadienses.

Los ftalatos son un grupo de sustancias con propiedades de alterar el normal funcionamiento del sistema hormonal. Estas sustancias, entre otros usos, son empleadas como aditivos en plásticos, en cosméticos y fragancias.

 

Suplementos de ácido fólico

La investigación también concluye que las madres que recibieron suplemento de ácido fólico durante el primer trimestre de gestación tenían una menor probabilidad de que sus hijos varones desarrollaran rasgos de autismo.

El ácido fólico, conocido también como vitamina B9, es una vitamina hidrosoluble del complejo de vitaminas B, necesaria para la maduración de proteínas estructurales y hemoglobina.

La carencia de ácido fólico es causada por una mala alimentación y un déficit genético de hidratación del folato que no produce síntomas adversos hasta el embarazo.

Una concentración adecuada de ácido fólico en el cuerpo de la mujer antes de que esté embarazada puede prevenir deformaciones en la placenta que podrían causar abortos y defectos de nacimiento, tales como:

• Defectos en el cerebro: anancefalia (ausencia parcial o total del cerebro, cráneo y cuero cabelludo).

• Defectos en la columna vertebral: espina bífida que puede producir la parálisis de la parte inferior del cuerpo, la falta de control del intestino y la vejiga, y dificultades en el aprendizaje.

 

Un déficit de ácido fólico durante el embarazo puede provocar que sé un parto prematuro, que el bebé presente bajo peso o pueda padecer anemia megalobástica.

La madre, por escasez de ácido fólico, puede sufrir eclampsia o aparición de convulsiones o coma durante el embarazo después de la vigésima semana de gestación, el parto o en las primeras horas del puerperio (los 40 días después del parto).

 

¿Dónde se encentra el ácido fólico?

El ácido fólico se encuentra en las vísceras de animales, vegetales de hoja verde, legumbres, levadura de cerveza y frutos secos.

El ácido fólico se almacena en el hígado, por lo que no es necesario ingerirlo diariamente.

Trastornos del espectro autista

La Organización Mundial de la Salud define a los trastornos del espectro autista (TEA) como:

«un grupo de afecciones caracterizadas por algún grado de alteración del comportamiento social, la comunicación y el lenguaje, y por un repertorio de intereses y actividades restringido, estereotipado y repetitivo».

 

Se calcula que uno de cada 160 niños tiene un TEA. No obstante, esta es una cifra media, puesto que se desconocen datos de países con bajos ingresos y algunos otros estudios han registrado cifras notablemente superiores.

No obstante, en algunos estudios bien controlados se han registrado cifras notablemente mayores. La prevalencia de TEA en muchos países de ingresos bajos y medios es hasta ahora desconocida.

Según los estudios epidemiológicos realizados en los últimos 50 años, la prevalencia mundial de estos trastornos parece estar aumentando. Hay muchas explicaciones posibles para este aparente incremento de la prevalencia, entre ellas una mayor concienciación, la ampliación de los criterios diagnósticos, mejores herramientas diagnósticas y mejor comunicación.

El Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos en 2018 determinó que aproximadamente 1 de cada 59 niños y niñas estadounidenses han sido diagnosticados de TEA. Sin embargo, existe una clara diferencia de género, puesto que estos trastornos son cuatro veces más comunes en niños que en niñas.

      • 1 de cada 37 niños.
      • 1 de cada 151 niñas.

 

El origen del trastorno del espectro autista no está claro. Si bien, investigaciones lo relacionan a la herencia genética, a padres y madres mayores, y a nacimientos prematuros como factores de riesgo.

Sin embargo, a ciencia está considerando la exposición ambiental a sustancias químicas como posible causa de estos trastornos.

Ftalatos y trastornos del espectro autista

El estudio canadiense no demuestra que los ftalatos produzcan autismo. Sin embargo, añade una nueva evidencia a la exposición prenatal a este tipo de tóxicos como una de las causas del TEA. Y, sobre todo, sugiere que el ácido fólico puede mitigar o proteger contra alguna de las consecuencias adversas de la exposición a tóxicos.

Uno de los autores del estudio, el profesor Youssef Oulhote declara que:

“el rápido incremento de la tasa del TEA durante las pasadas tres décadas no puede ser explicada únicamente por factores genéticos”. El autor añade que la investigación “proporciona nuevas evidencias de la potencial neurotoxicidad de los ftalatos y apoya investigaciones anteriores que mostraban el aumento de la susceptibilidad del desarrollo del cerebro, en especialmente en el cerebro de fetos varones, al impacto de sustancias químicas tóxicas”.

Los ftalatos son los disruptores endocrinos, que modifican el normal funcionamiento del sistema hormonal y han sido relacionados con efectos anti-androgénicos. Los andrógenos son hormonas que, entre otras funciones, regulan el desarrollo de los rasgos masculinos.

Los autores dicen que “es posible que este tipo de sustancias químicas pueda impactar en la función tiroidea de las madres o reducir la producción de andrógenos durante el embarazo-o ambos lo que puede ser crucial para el desarrollo cerebral de los fetos”.

¿Qué evitar?

Las mujeres que quieran ser madres deben planificar su futuro embarazo reduciendo la exposición a disruptores endocrinos, entre ellos los ftalatos, que pueden encontrar en plásticos, cosméticos, productos de limpieza, etc.

Debemos pedir a los servicios sanitarios que informen sobre las consecuencias de la exposición a los disruptores endocrinos para el desarrollo de niños y niñas. Igualmente debemos exigir a la Unión Europea y a España que implemente políticas de reducción y/o eliminación de este tipo de tóxicos.