Irene Aterido, sexóloga, agente de salud y socióloga, nos trae este vídeo donde explica la relación que puede haber entre los trastornos de la menstruación  y la contaminación medioambiental. En su hipótesis explica cómo los disruptores endocrinos actúan en el cuerpo humano y cómo es bastante plausible que estos tengan mucho que ver en el acelerado aumento de algunas enfermedades como la endometriosis.

 

 

¿Cómo es posible que haya cada vez más mujeres con un gran dolor menstrual? ¿Cómo es posible que haya cada vez más cirugías, las paroscópicas, en las cuales sea extraído el útero de las mujeres? ¿Por qué hay tantos miomas? ¿Por qué hay tantos quistes en los ovarios? ¿Por qué hay amenorreas? ¿Por qué hay tantos desequilibrios ovulatorios, tanta infertilidad?

La sexóloga y socióloga Irene aterido se hace estas preguntas cuando intenta explicar la hipótesis medioambiental como causa del aumento de trastornos de la menstruación, como la endometriosis, que ya afecta a 1 de cada 8 mujeres en el Estado español. Según Aterido, esta es la única razón que puede explicar que en solo cuarenta años y en un contexto OCDE y UE, las tasas de estos trastornos estén aumentando.

Cuando esta experta en temas sociosanitarios se refiere a contaminación medioambiental en relación a los trastornos menstruales, se refiere a los disruptores endocrinos. Una sustancias que, como ya hemos dicho en muchas ocasiones, se encuentran en frutas y verduras (debido a los pesticidas que se utilizan en agricultura medioambiental), pigmentos, productos cosméticos, productos de limpieza, productos del hogar, mobiliario…

Desde este blog agradecemos a Irene Aterido su vídeo y su colaboración y nos sumamos a sus demandas: exigimos a las administraciones e instituciones públicas que protejan nuestro derecho a la salud y tomen cartas en el asunto con medidas para prohibir estas sustancias tóxicas y encontrar alternativas a su uso.

Si quieres saber más sobre los temas que trabaja Irene Aterido, puedes consultar su página web. Y si quieres tener su exposición por escrito, te la trasncribimos aquí:

 

«Bienvenidos, me llamo Irene Aterido y soy sexóloga, agente de salud y socióloga. Estoy especializada en temáticas sociosanitarias.

Voy a hablaros de la relación que hay entre el aumento de trastornos menstruales, o trastornos del ciclo menstrual, y la contaminación medioambiental.

Lo primero que tenéis que saber es que evidentemente el ciclo menstrual está influido por las hormonas sexuales. Las hormonas sexuales que tenemos varones y mujeres. Pero en el caso de las mujeres, la exposición a determinadas sustancias químicas nos va a alterar de manera casi inmediata nuestro ciclo menstrual. ¿Cómo es esto?

Bueno, sabéis perfectamente que hay unas sustancias llamadas disruptores endocrinos, o alteradores de las hormonas, que hemos estado creando los seres humanos, desde la segunda guerra mundial a través de la industrialización básicamente y que para esa industrialización tuvimos que echar mano de químicos sintéticos.

Lo que se descubrió en los años 60 es que esos químicos sintéticos se estaban comportando como algunas hormonas sexuales, concretamente como los estrógenos, y que los mimetizaban, se enganchaban a las cadenas hormonales de la misma manera que los estrógenos endógenos de mujeres y hombres y con esa simulación empezaban a participar en procesos metabólicos y neuroendocrinos.

¿Esto qué quiere decir?

Bueno, pues las mujeres y los hombres segregamos hormonas de manera endógena, con nuestros cuerpos, a partir d ella pubertad. Pero a través de esas sustancias llamadas disruptores endocrinos que se descubre que están en los productos fabricados, básicamente plásticos pero también pigmentos, productos cosméticos, porductos de limpieza, productos del hogar, mobiliario, productos por ejemplo de gama blanca, todos los de informática, los productos electrónicos. Todos contienen disruptores endocrinos, aunque no sean plásticos aparentemente.

Pues descubrimos a partir de los años 60 que estaban apareciendo cambios en algunas especies animales, cambios a nivel reproductivo, o por ejemplo, cambios de sexo en peces, o cambios en los ciclos de vigilia o sueño. Determinados cambios que normalmente vienen determinados por las hormonas sexuales y por neurotransmisores, pero que se estaban realizando de manera espontánea en determinadas especies animales.

Toda esa investigación derivó a lo largo de los años en investigar cuál era la afectación en los seres humanos porque en la cadena evidentemente nosotros no estamos libres ni exentos de vernos influidos por todo esto.

Se observó por ejemplo en primates, en macacos, los monos resus, que había unas alteraciones muy fuertes del ciclo menstrual cuando estaban expuestas sus hembras a determinados disruptores endocrinos.

Se descubrió que la exposición a las dioxinas, a los furanos (que son los subproductos de la incineración de residuos urbanos), que esa exposición, en un experimento que se hizo in vivo (que ya no se podría hacer y que tiene muchísimos problemas éticos) pero se descubrió que esas hembras de macaco desarrollaban un trastorno llamado endometriosis.

La endometriosis es un trastorno súperprevalente en las hembras de los seres humanos, en las mujeres. Y ese trastorno afecta a una de cada diez y se estima que una de cada ocho en países como el nuestro, en el Estado español, con nuestras condiciones de vida y trabajo.

Se estima que además desde hace unos 50 años la incidencia (el número de casos nuevos cada año) está en aumento y la prevalencia se estima que está también aumentando: que ha pasado de una de cada diez hace unos 30 o 40 años a una de cada ocho. Cada vez se detectan más endometriosis, se diagnostican y se realizan más cirugías por esta causa.

¿Cómo es posible que haya cada vez más mujeres con un gran dolor menstrual? ¿Cómo es posible que haya cada vez más cirugías, las paroscópicas, en las cuales sea extraído el útero de las mujeres? ¿Por qué hay tantos miomas? ¿Por qué hay tantos quistes en los ovarios? ¿Por qué hay amenorreas? ¿Por qué hay tantos desequilibrios ovulatorios, tanta infertilidad?

Todo esto nos lleva a la hipótesis medioambiental, porque es la única que puede explicar en este corto periodo de tiempo, porque en verdad 40 años no debería ser nada para una epidemia de salud pública y sin embargo, estamos viendo que en el contexto OCDE y UE, las tasas están aumentando.

La endometriosis y la adenomiosis (que es una forma de la enfermedad) están aumentando en todo el mundo. Se estima que en todo el mundo la tasa es uno de cada 10. Pero especialmente en nuestro país, debido a los disruptores endocrinos que la Sociedad Española de Epidemiología considera que la población española está expuesta en unas tasas mucho más elevadas que las de otros países a estas sustancias, pues es que es indudable el vínculo con la hipótesis de los disruptores endocrinos y el aumento de la prevalencia de trastornos menstruales o endocrinos.

Si son menstruales van a afectar al sistema neuroendocrino y, en consonancia, van a afectar al sistema inmunológico, al sistema nervioso central y por supuesto los niveles de inflamación de la población general están aumentando.

También por las condiciones de vida y trabajo. Pero en general os puede decir que el dolor de regla no es un simple dolor de regla. Por supuesto es una cuestión que hay que atender desde la medicina pero que traspasa los límites no solo ya de la ginecología sino de la medicina general.

Tenemos que ponernos manos a la obra y encontrar la causa última de la endometriosis y la adenomiosis, investigar con una diana terapéutica que tenga en cuenta la influencia de los disruptores endocrinos, que tenga en cuenta las modificaciones inmunológicas que se producen y que tenga en cuenta las condiciones de vida y trabajo especialmente de las mujeres desde luego en esta sociedad precarizada y que no tiene en cuenta ni los dereschos en salud ni los derechos medioambientales de la población.

Que se garantice que la alimentación no lleve pesticidas, que se garantice que los parques y jardines no sean higienizados, que no haya plaguicidas que ya se han demostrado por activa y por pasiva que son directamnete perjudiciales para la salud humana y también de nuestras mascotas.

Que se garantice que en la construcción de nuevos edificios y que en la fabricación de mobiliario no se empleen determinadas sustancias que también tenemos la certeza que alteran nuestras hormonas.

Hay muchos ámbitos donde los poderes públicos podrían garantizar nuestro derecho a la salud y no se está haciendo.

Yo espero que con la post pandemia estos asuntos no pasen a un segundo plano y la inversión en investigación sociosanitaria tiene que seguir. Necesitamos una investiagación básica en biología molecular, en tumores (porque la endometriosis y la adenomiosis son un tumor beingno, pero son un tumor), en alza. Y como digo, afectan entre al 10 y 15 % de las mujeres.

Necesitamos parar la epidemia de la infertilidad y para la epidemia del dolor de causa inexplicada en las muejres.

La hipótesis medioambiental está ahí y hoy quería traeros esta otra perspectiva sobre el mal llamado dolor de regla porque parece que lo banalizamos. Es un dolor importante, es un síntoma importante, que la mitad de las veces va a indicar endometriosis y la otra mitad, un desequilibrio hormonal cuyas causas podrían ser también medioambientales a través de la dieta, a través del estrés, a traveś de las sustancias.. en consonancia con la bio individualidad, la vulnerabilidad propia de cada organismo femenino o masculino.

Pero desde luego necesitamos esas políticas y esas medidas de investigación y de protección de la salud de nuestras ciudadanas.

Mando un salud a los amigos de Ecologistas en Acción y si queréis saber cualquier otra cosa sobre salud femenina desde una perspectiva integrativa y ecologista, tenéis mi proyecto».